Ni Cagancho en Almagro
La actual proliferación de postales virtuales, tarjetas electrónicas y avisos animados para pedir perdón, me hace sospechar que no sólo yo tengo necesidad de disculparme a menudo. Frases como “Lo siento, no quería ofenderte”, “Disculpa, he cometido un error” o “Perdóname, no pensaba lo que decía” están a la orden del día.
Quizá existe un tipo de persona más proclive a situaciones imprevistas o pequeñas sorpresas. Personas que de forma continuada tienen que decir algo así como “Lo siento, fíjate lo que me ha pasado, no he podido porque…” y a continuación desarrollar una trama que dejaría helado al mismísimo Kafka. Por cierto, ese ser atormentado y complejo que nos dejó el relato de La metamorfosis, en el que un voluntarioso corredor de seguros descubre al despertar una mañana que se ha convertido en un enorme insecto. Aunque intenta explicárselo a su familia (“¡fíjate lo que me ha pasado!”), ésta lo rechaza y deja que muera solo. Esas personas se convierten, en algún momento, en figuras del folklore más auténtico. Y me parece que, cada día, hay más “Gregorios Samsa”, no se si porque en realidad les pasa cosas inauditas y tienen “gafe”, o es que no les(nos) vale la pena esforzarnos por cumplir nuestros compromisos.
Definitivamente, cada día es más fácil quedar peor que Cagancho en Almagro(*) y, hasta en eso, tenemos la ayuda de Internet… Sirva pues esta entrada para pedir disculpas públicamente a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo y a todos aquellos que, tarde o temprano, tendré a bien ofender.
(*) En 1932 el gran torero Cagancho se negó a torear en Almagro (no he conseguido averiguar el motivo), produciendo la cólera del respetable, que procedió a pegarle fuego a la plaza, así, sin más. Parece que tenían muchas ganas de verlo, cual David Bisbal de la época!
Para Mica, con mucho cariño, esté donde esté.



